MUJERES OLVIDADAS POR LA HISTORIA

MUJERES OLVIDADAS POR LA HISTORIA

Hoy quiero hablarte de un proyecto muy bonito y necesario que una buena amiga está llevando a cabo y del que, probablemente, ya hayas oído hablar.

Este proyecto no es otro que Mujeres Olvidadas por la Historia. Sué Christian, ilustradora y diseñadora, de un tiempo a esta parte y a raíz de un hecho determinante en su vida, está investigando y recopilando historias de mujeres olvidadas, en una serie de agendas y exposiciones guiadas, donde cuenta la historia de estas mujeres, para conocerlas o re conocerlas más bien, pues la mayoría de ellas ya estaban olvidadas en nuestros días. Por eso es tan necesario este proyecto, en el que tengo la suerte de colaborar con ella, en una serie de programas radiofónicos de nombre homónimo.

Mujeres como la escultura Camille Claudel o Nellie Bly, merecen la pena ser recordadas. TODAS ellas merecen lo merecen.

Puedes encontrar nuestros programas de radio, sus historias ampliadas y vídeos que he tenido el placer de realizar (dirigiendo, grabando, editando y locutando), en la página web de Sué Christian:

https://sueartillustration.com/

 

Y hoy quería dejaros la preciosa ilustración e historia de Alice Guy, primera cineasta, que esta gran artista ha investigado y aportado para que su nombre y hazañas sean recordadas:

 

 

[1873 – 1968, Francia]

Cuando se evoca los orígenes del cine, los nombres de los hermanos Lumière o Georges Méliès son los primeros que nos vienen a la cabeza, y es cierto que fueron ellos los que iniciaron el camino de la industria del cine, pero en aquellos mismos años existió una mujer que convirtió los rudimentos del cine en lo que terminaría siendo, una auténtica fábrica de ilusiones y un negocio de lo más lucrativo. Alice Guy fue la primera mujer en utilizar el cine para contar historias de todos los géneros. A pesar de tener a sus espaldas centenares de títulos, incluida la primera superproducción de la historia, su nombre cayó durante décadas en el olvido, así que teníamos que recordarla.

Su infancia transcurrió entre Suiza, Francia y Chile en varios internados: quinta hija de un editor y dueño de una cadena de librerías, su padre nunca la apreció mucho, ya que albergaba en su interior la sospecha de que fuera ilegítima, y esto le producía un gran pesar. A la muerte de su progenitor, su madre comenzó a trabajar y Alice a estudiar mecanografía y taquigrafía.
Gracias a ello entró en 1894 en la empresa Le Comptoir Général de la Photographie. El verano de aquel año, uno de los directivos de la compañía, Léon Gaumont, creó su propio negocio fotográfico y se llevó a Alice como secretaria. Los Lumière invitaron en marzo de 1895 a Gaumont y a Alice a ver una demostración de su cinematógrafo. Así que cuando el 28 de diciembre de 1895 realizaron su primera proyección con público en el Salón Indio del Gran Café en lo que se considera oficialmente el nacimiento del cine, Alice -que había hecho teatro de ficción y sabía cómo podía contar historias- ya había convencido a su jefe de que allí había un negocio. Sin embargo, Gaumont solo apostaba por el futuro del aparato, no de las películas, y hasta 1897 no creó una división de producción cinematográfica en su empresa, cuya dirección confió a Alice, eso sí.
Entre 1902 y 1907 dirigió 100 películas, sincronizando imagen y sonido grabado, algo totalmente novedoso en la industria. Muchas de ellas se han perdido, aunque queda constancia de ellas en cartas, periódicos y libros. En 1905 rodó en España varios filmes como Viaje por España o La malagueña y el torero (coloreada a mano, de la que existe una copia restaurada en la Filmoteca Española).
Al año siguiente rodó el film La vida de Cristo, la primera superproducción de la historia, que consistió en un metraje 30 minutos en los que se usaron 25 decorados y más de 300 extras con exteriores en el bosque de Fontainebleau. En marzo de 1907 se casó con el cámara Herbert Blaché, y se mudó a EE UU, donde Gaumont quería expandir el negocio. Sin embargo, ellos crearon la productora Solax en 1910 y Blaché Features en 1913. Al otro lado del Atlántico, Alice dirigió sin parar hasta llegar a 1.000 películas: westerns, comedias, dramas, películas de ciencia ficción…

Incluyendo temáticas feministas en sus films, como uno al que tituló “Las consecuencias del feminismo”, donde quiso hacer visible la enorme desigualdad de roles en las tareas de la casa, cambiando estos en el metraje para que en la cinta se viera a un hombre atareado con la plancha, mientras la mujer sentada en un enorme butacón, y con los pies en la mesa, disfruta de la lectura del periódico. Una clara denuncia social que pretendía hacer más visible tales injusticias.

Pero un tormentoso divorcio la llevó a regresar a Francia en 1922, y su estrella se apagó. Los libros de historia del cine redujeron sus méritos a secretaria, “posible amante de Gaumont” o adjudicaron la autoría de sus filmes a sus directores de fotografía, pues dijeron “una mujer no podía haber hecho todo aquello”.

En una entrevista que se le realizó en 1912 aseguró que: “Mientras una mujer esté, como se dice, en su lugar, no recibe ningún reproche, pero si ella asume y ejerce las prerrogativas asignadas a sus hermanos se la mira mal.”

Su nombre acabó enterrado y olvidado habiendo sido, como fue, pionera de tal calibre para el mundo del cine.

QUE SU NOMBRE NO SE BORRE DE LA HISTORIA

Gracias Sué Christian, por hacer lo que haces.