SOMOS RÍO

Actualmente buscando editorial para publicar mi segundo poemario SOMOS RÍO.

<< Somos como el río que fluye, siendo el mismo y en constante cambio. >>

Nunca me he considerado una persona religiosa, sí espiritual. Se tiende a aunar ambos conceptos, sin embargo, para mí son diferentes. Aunque al final todo venga a significar lo mismo. Por qué ¿qué es la religión sino espiritualidad? Aunque después se hayan tergiversado las palabras de escritos sagrados, hasta convertirlas en dinero y sangre. Guerra y destrucción para el favor de unos pocos.

Pero no vengo a hablarte de eso. Vengo a hablarte de lo inherente al ser humano: su espiritualidad. Vengo a hablarte de las musas que visitan mi ensoñación y transforman sentimientos en palabras, que poco pueden alcanzar lo que realmente está en el interior más profundo de una persona.

No he encontrado mejor título para este poemario que Somos Río, porque expresa precisamente lo que quiero contarte.

Cada espíritu, cada alma, es río. En constante fluir y constante cambio, aunque en esencia lo mismo. Como el Río de Vasudeva en Shiddartha, de Hermann Hesse, Somos Río, acerca a cada persona la sencillez del sentir. Lo más importante y fundamental del ser humano, lo que se suele olvidar en el ajetreado día a día del mundo occidental.

En los siguientes poemas espero que veas reflejada a tu persona, como yo veo la mía cuando leo otros poemas, encontrando en ellos los rostros de esos espejos que encontramos a diario.

Pues la poesía al final, está presente en todo. En una mirada. En un pájaro cantando en la mañana, o al atardecer, o en cualquier momento. En la inmensidad del Mar sobrecogiéndonos con su eterno rugir. En un seísmo a miles de kilómetros de distancia y en meteoritos, sobrevolando nuestras cabezas constantemente, sin ser conscientes de ello, pues nuestro ser no está ya entrenado para estos fines. No obstante, nuestro espíritu si está diseñado para bailar bajo la lluvia o reírnos ante una mirada enfadada. Para restarle importancia a esas cosas que, de verdad, no la tienen. Para abrazar lo inefable y, sencillamente, dejarse llevar.

Hay quien afirma que no es bueno volar tan alto, porque la caída podría ser demoledora. Pero ¿y si realmente esa caída es una ilusión? ¿Y si no existiera? Piénsalo, ¿cuándo te ha hecho daño soñar?